Tú, Otro, mi caricatura, mi modelo, los dos. (Paul Valéry)

lunes, 23 de octubre de 2017

22 de septiembre / 2017


 Solo es clase obrera


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“El marxismo de la subjetividad revolucionaria de Lukács”
Michael Löwy


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“Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza”
Bellamy Foster, John.

(Apuntes)

LA ECOLOGÍA
 Aun cuando durante mucho tiempo se ha denunciado la falta de preocupación ecológica por parte de Marx, está ahora suficientemente claro, tras décadas de debate, que esta visión no es acorde a la evidencia. Por el contrario, tal como ha observado el geógrafo italiano Massimo Quaini, "Marx ... denunció la expoliación de la naturaleza antes de que naciera la moderna conciencia ecológica burguesa" Desde el principio, la noción marxiana de la alienación del trabajo humano estaba vinculada con una comprensión de la alienación de los seres humanos respecto a la naturaleza. Era esta doble alienación la que, sobre todo, necesitaba ser explicada histó­ricamente.”


“El estatus problemático de la dialéctica de la naturaleza en la teoría marxiana tiene su fuente clásica en la famosa nota al pie de Georg Lukács en ‘Historia y consciencia de clase’, en el que afirmaba con respecto a la dialéctica:
Esta limitación del método a la realidad histórico-social es muy importante. Los equívocos dimanantes de la exposición engelsiana de la dialéctica se deben esencialmente a que Engels –siguiendo el mal ejemplo de Hegel– amplía  el método dialéctico también al conocimiento de la naturaleza. Pero las determinaciones decisivas de la dialéctica –interacción de sujeto y objeto, unidad de teoría y práctica, trasformación histórica del sustrato de las categorías como fundamento de su transformación en el pensamiento, etc.– no se dan en el conocimiento de la naturaleza”.

Para entender esto en forma más completa a las dimensiones ecológicas reales del pensamiento de Marx. El uso del concepto del metabolismo por éste en su obra  no fue simplemente (ni siquiera principalmente) un intento de resolver un problema filosófico sino más bien una tentativa de fundamentar su crítica de la economía en forma materialista en una comprensión de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza procedente de la ciencia natural de su época. Era algo central para su análisis de la producción de valores de uso y el proceso de trabajo. Fue a partir de esta metodología que Marx iba a desarrollar su principal crítica ecológica, la de la fractura metabólica, o, tal como él mismo lo señaló, “un desgarramiento insanable en la continuidad del metabolismo social, prescrito por las leyes naturales de la vida.”

Fue durante este período de agravamiento de las dificultades en la agricultura, debido al agotamiento de los nutrientes de los suelos, que Gran Bretaña fue la pionera en el arrebato a escala mundial de los fertilizantes naturales, incluyendo, como lo señaló Liebig, el desentierro y el transporte de los huesos humanos de los campos de batallas napoleónicas y las catacumbas de Europa, y lo que fue más importante, la extracción, por medio del trabajo forzado, del guano (del excremento de las aves marinas) en las islas cercanas a las costas del Perú, desatando a nivel mundial una “fiebre del guano”. En la introducción a la edición de 1862 de su Química orgánica, Liebig escribió una crítica mordaz de la agricultura industrial capitalista en su modelo británico, observando que “si no logramos que el agricultor tome una mejor consciencia de las condiciones bajo las cuales produce, y no le damos los medios necesarios para el aumento de su producción, las guerras, la emigración, las hambrunas y las epidemias, necesariamente crearán las condiciones de un nuevo equilibrio que socavará el bienestar de todos y finalmente conducirá a la ruina de la agricultura.”



Marx destacó en El capital que el rompimiento del ciclo de la tierra en la agricultura capitalista industrializada constituía nada menos que “una fractura” en la relación metabólica entre los seres humanos y la naturaleza:
“Con la preponderancia incesantemente creciente de la población urbana, acumulada en grandes centros por la producción capitalista, ésta por una parte acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad, y por otra perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimentos y vestimenta, retorno que es condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo.”

“La producción capitalista, por consiguiente no desarrolla la técnica y la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador.”



Citando a Liebig, Marx destacó el carácter global de esta fractura en el metabolismo entre la naturaleza y la sociedad, argumentando, por ejemplo, que “desde hace siglo y medio Inglaterra exporta indirectamente el suelo de Irlanda sin otorgar a sus cultivadores ni siquiera los medios para reemplazar los componentes de aquel.”

Marx, en su definición más exhaustiva de la naturaleza de la producción bajo el socialismo afirmó: “La libertad, en este terreno, sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente ese metabolismo suyo con la naturaleza poniéndolo bajo su control colectivo (…) con el mínimo empleo de fuerzas y bajo las condiciones más dignas y adecuadas a su naturaleza humana.”

Durante la última década y media los investigadores ecológicos han utilizado la perspectiva teórica del análisis de Marx sobre la fractura metabólica para estudiar las contradicciones capitalistas que se desarrollan en una amplia variedad de áreas: los límites del planeta, el metabolismo del carbono, el agotamiento del suelo, la producción de fertilizantes, el metabolismo oceánico, la explotación indiscriminada de la pesca, la desforestación, la utilización de los incendios forestales, los ciclos hidrológicos, la megaminería a cielo abierto, la cría de ganado, los agro-combustibles, la apropiación de tierras a nivel mundial, y la contradicción entre la ciudad y el campo.



Es verdad que en la dialéctica materialista de Marx, ni la sociedad (el sujeto/consciencia) ni la naturaleza (el objeto) están totalmente subsumidas entre sí, evitando de este modo las dificultades del idealismo absoluto y la ciencia mecanicista.

Para Marx, nuestro propio conocimiento de la naturaleza es también un producto de nuestro metabolismo humano-social, es decir, nuestra relación productiva con el mundo natural.

Otro ejemplo de esta profunda preocupación por las ciencias naturales es el interés de Marx en las conferencias de John Tyndall  en la Royal Institution sobre los experimentos que estaba llevando a cabo sobre la interrelación de la radiación solar y diversos gases en la determinación del clima de la Tierra. Era muy posible que Marx, que asistió a algunas de esas conferencias, haya estado presente cuando Tyndall presentó la primera explicación empírica del efecto invernadero que influía sobre el clima.

En el siglo XX el concepto de metabolismo se iba a convertir en la base de la ecología de sistemas, particularmente en la obra transcendental de Eugene y Howard Odum. Fue Howard Odum, como explica Frank Golley en su libro A History of the Ecosystem Concept in Ecology, quien “fundó un método de estudiar la dinámica de [eco] sistemas midiendo (…) la diferencia de insumo y producto, bajo condiciones de equilibrio estacionario,” para determinar “el metabolismo de todo el sistema.” Basado en la obra fundacional de los hermanos Odum, ahora se usa el metabolismo para referirse a todos los niveles biológicos, comenzando con la célula individual y terminando con el ecosistema (y más allá de eso el sistema terrestre). En sus posteriores intentos de incorporar a la sociedad humana en esta amplia teoría de sistemas ecológicos, Howard Odum iba a basarse en gran medida en la obra de Marx, particularmente en el desarrollo de una teoría de lo que llamó ecológicamente “intercambio desigual”, enraizado en el “capitalismo imperial”.



Ciertamente, si volviéramos hoy al tema original en Marx del metabolismo humano-social y el problema del ciclo nutriente de la tierra, considerándolo desde el punto de vista de la ciencia ecológica, el argumento sería el siguiente. Los organismos vivientes, en sus interacciones normales entre sí y el mundo inorgánico, obtienen constantemente nutrientes y energía del consumo de otros organismos, o, para las plantas verdes, a través de la fotosíntesis y absorción de nutrientes de la tierra, que son transmitidos luego a otros organismos en una compleja “red alimentaria” en la que los nutrientes son reciclados hasta acercarse al sitio donde se originaron. En el proceso la energía extraída es consumida en el funcionamiento del organismo aunque finalmente queda una porción en la forma de materia orgánica difícil de descomponer. Las plantas están constantemente intercambiando productos con la tierra a través de sus raíces, tomando nutrientes y entregando compuestos ricos en energía, lo que produce una activa zona microbiológica cercana a las raíces. Los animales que comen plantas u otros animales, generalmente  usan solo una pequeña fracción de los nutrientes que comen y depositan el resto como heces y orina en las cercanías. Cuando mueren, los organismos del suelo usan sus nutrientes y la energía contenida en sus cuerpos. Las interacciones de los organismos vivos con la materia (mineral o viva o previamente viva) son tales que generalmente afectan solo levemente al ecosistema y los nutrientes se reciclan y se acercan adonde originalmente se habían obtenido. También en una escala temporal geológica, el deterioro de los nutrientes encerrados en minerales los hace disponibles para el uso de futuros organismos. De este modo, los ecosistemas naturales normalmente no se “degradan” debido al agotamiento de nutrientes o la pérdida de otros aspectos de ambientes saludables, como los suelos productivos.
A medida que las sociedades humanas se desarrollan, especialmente con el crecimiento y la difusión del capitalismo, las interacciones entre la naturaleza y los seres humanos son mucho mayores y más intensas que antes, afectando primero al ambiente local, luego al regional y finalmente al global.

Como escribió Engels en The Housing Question:
“La supresión de la oposición entre la ciudad y el campo no es ni más ni menos utópica que la abolición de la oposición entre capitalistas y asalariados. Cada día se convierte más en una exigencia práctica de la producción industrial como de la producción agrícola. Nadie la ha exigido más enérgicamente que Liebig en sus obras sobre química agrícola, donde su primera reivindicación ha sido siempre que el hombre debe reintegrar a la tierra lo que de ella recibe, y donde demuestra que el único obstáculo es la existencia de las ciudades, sobre todo de las grandes urbes. Cuando vemos que aquí, en Londres solamente, se arroja cada día al mar, haciendo enormes dispendios, mayor cantidad de abonos naturales que los que produce el reino de Sajonia, y qué obras tan formidables se necesitan para impedir que estos abonos envenenen toda la ciudad, entonces la utopía de la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo adquiere una maravillosa base práctica.”

Como señaló a fines de la década de 1990 Marina Fischer-Kowalski, fundadora del Instituto de Ecología Social en Viena y prestigiosa representante hoy de los análisis de flujos materiales, el metabolismo se ha convertido en “una estrella conceptual en ascenso” en el pensamiento socio-ecológico. “Dentro de los fundamentos de la teoría social del siglo XIX” agregó, “fueron Marx y Engels quienes aplicaron el término ‘metabolismo’ a la sociedad.”

Aquí la principal preocupación es lo que podría llamarse la “Gran Fractura” en la relación humana con la naturaleza, debido a que se han atravesado los límites del sistema terrestre, asociados con el cambio climático, la acidificación de los océanos, el agotamiento del ozono, la pérdida de la diversidad biológica (y la extinción de especies), la ruptura de los ciclos del nitrógeno y el fósforo, la pérdida de la capa superior de la tierra, pérdida de fuentes de agua dulce, la utilización de aerosoles, y la contaminación química.


Así describe James Hansen las consecuencias potenciales de la Gran Fractura en el metabolismo del carbono en particular:

El panorama que surgirá para la Tierra en algún momento en el futuro distante, si desenterráramos y quemaron cada combustible fósil es de este modo consistente con… una Antártida libre de hielos y un planeta desolado sin habitantes humanos. Aunque las temperaturas en el Himalaya se hayan vuelto seductoras, es dudoso que los muchos permitirían a los pocos ricos apropiarse de este territorio para ellos o que los humanos sobrevivirían al exterminio de la mayoría de las otras especies en el planeta (…) No es una exageración sugerir, basados en la evidencia científica disponible, que el resultado de quemar todos los combustibles fósiles  sería que el planeta no solo sería libre de hielos, sino también libre de seres humanos.

Pero el análisis de Marx era único, en cuanto que apuntaba más allá de las fuerzas de la acumulación y la tecnología (es decir, el proceso de la producción), a la estructura cualitativa, del valor de uso de la economía mercantil: la cuestión de las necesidades humanas y su satisfacción. El valor de uso natural-material del propio trabajo humano, en la teoría de Marx, residía en su verdadera productividad en relación  con la satisfacción genuina de las necesidades humanas. En el capitalismo, afirmaba, este potencial creativo estaba tan distorsionado que la fuerza de trabajo era vista como “útil” (desde una perspectiva capitalista del valor de cambio) solo en la medida en que generaba plusvalor para el capitalista…


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domingo, 22 de octubre de 2017

21 de septiembre / 2017

Eric J. Hobsbawm

“El marxismo hoy: un balance abierto”


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Años interesantes…

“MARX, CIEN AÑOS DESPUÉS
Cual pueda ser el futuro del marxismo es cosa que todavia no sabemos. Sin embargo, a cien años de la muerte de Marx, es posible evaluar con cierta confianza sus extraordinarios resultados.
Ningun otro pensador ha sobrevivido con igual éxito a su lema: "Los filosofos solamente han interpretado el mundo: se trata ahora de transformarlo". Las ideas de Marx se han convertido en las doctrinas que han inspirado a los movimientos obreros y socialistas de Europa. A través de Lenin, principalmente, y de la revolución rusa, sus ideas se han convertido en la quintaesencia de la doctrina internacional de la revolución social en el siglo XX, universalmente aceptada como tal desde China hasta el Perú. A través de la victoria de los partidos y gobiernos identificados con estas doctrinas, algunas versiones de dichas ideas se han convertido en la ideología oficial de Estados en los cuales, en este momento, vive cerca de una tercera parte del género humano, para no mencionar los movimientos políticos de distinta dimensión e importancia que se declaran sus herederos en el resto del mundo. Los políticos pensadores individualmente identificables que alcanzaron una posición parangonable fueron los fundadores de grandes religiones del pasado, y, probablemente con la excepción de Mahoma, ninguno de ellos llegó a triunfar en una escala comparable con igual rapidez. Desde este punto de vista, ningún pensador laico puede ser confrontado con Marx.
En que medida el mismo Marx habría aprobado cuanto se ha hecho en su nombre, y que habría pensado de las doctrinas, a menudo transformadas en un equivalente laico de las teologías, oficialmente aceptadas como incontestablemente verdaderas, es una cuestión que puede conducir a argumentaciones interesantes, pero académicas. Resta el hecho de que, por mas alejadas que tales doctrinas puedan hallarse respecto de sus ideas originarias, tal como nosotros las podemos documentar o deducir, estas derivan históricamente de aquellas, y la derivación puede ser directamente demostrada, en el pensamiento y en la acción: pertenecen a la historia del marxismo. Hasta que punto tales
evoluciones se hallen implícitas en las ideas de Marx es una cuestión distinta y separada, que ha sido objeto de muchas discusiones, sobre todo por el hecho de que los regímenes y los gobiernos constituidos en nombre de Marx (asociado en general, hasta ahora, al de algun dirigente revolucionario venido despues de él y que se declaraba su discípulo: Lenin, Stalin, Mao, etcétera) han tenido todos ellos hasta hoy un cierto parecido de familia, o mas bien porque han compartido la característica negativa de ser diferentes de la democracia liberal.
Responder a tal problema no es la misión de este articulo, pero hay dos observaciones que si pueden hacerse. En la medida en que un conjunto de ideas sobrevive a quien lo ha
elaborado, deja de estar confinado en el ámbito del contenido y de las intenciones originales. Dentro de los limites bastante vastos trazados por la capacidad exegética de
los hombres o incluso de la disposición humana a declarar un nexo con un predecesor amado o predilecto, aquel bloque de ideas es sometido a una serie imprevisiblemente larga de cambios y transformaciones prácticas y teóricas…”




“Así, en junio de 1941, los miembros del Partido, respirando aliviados, retomaron el discurso que habían defendido antes de la guerra, y se volvieron a unir a la masa de los británicos corrientes. Por propuesta mía, conseguí que todos los miembros de la división 560 firmaran, empezando por el sargento mayor de la compañía, un balón de fútbol y lo envié a la embajada soviética de Londres para que lo hicieran llegar a una unidad de ingenieros equivalente a la nuestra del Ejército Rojo. Creo que el Daily Mirror, que entonces ya era en buena medida el periódico de las fuerzas armadas, publicó una fotografía. Después del 22 de junio del 41 la propaganda
comunista más o menos se las arregló como pudo”.

“Vivido desde dentro, un seminario de investigación puede resultar inolvidable, pero visto desde afuera –y pienso en los que yo mismo di en el Institute of Historical Research de Londres durante los años setenta y en 1980– es sólo unas cuantas docenas de personas reunidas a última hora de la tarde en torno a una mesa y rodeadas de libros, discutiendo un artículo leído por una de ellas o por un invitado y que, al salir, se van al pub de la esquina a tomar un par de copas. Viéndolo como argumento de una película no da para un corto”.




“Estoy dispuesto a conceder, con harto dolor en mi corazón, que la Internacional Comunista de Lenin no fue una idea tan buena y que –en este caso sin la menor dificultad, pues nunca he sido sionista– tampoco lo fue el proyecto de Theodor Herzl de crear un Estado-nación judío. Más le habría valido quedarse en la Neue Freie Presse en calidad de columnista estrella. Pero si se me plantea que sostenga el argumento de que la derrota del nacionalsocialismo no valió los cincuenta millones de muertos que costó y los infinitos horrores de la Segunda Guerral Mundial, simplemente no puedo hacerlo”.

(E. Hobsbawm)


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sábado, 21 de octubre de 2017

20 de septiembre / 2017


"La necesaria confluencia política 
contra el muro del Régimen del 78"

Ángeles Maestro

https://www.lahaine.org/est_espanol.php/la-necesaria-confluencia-politica-contra




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"En España, ni democracia ni estado social de derecho"

Marcos Roitman 

http://www.jornada.unam.mx/2017/10/21/opinion/022a1mun?partner=rss


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A vueltas con William Morris…


Contra la seducción

No os dejéis seducir: no hay retorno alguno.
El día está a las puertas,
hay ya viento nocturno:
no vendrá otra mañana.

No os dejéis engañar
Con que la vida es poco.
Bebedla a grandes tragos
porque no os bastará
cuando hayáis de perderla.

No os dejéis consolar.
Vuestro tiempo no es mucho.
El lodo, a los podridos.
La vida es lo más grande:
perderla es perder todo.

(Brecht)



El prestigioso historiador inglés Edward Palmer Thompson (autor del clásico ‘La formación de la clase obrera en Inglaterra), primero marxista ortodoxo y más tarde heterodoxo, escribió un grueso volumen de 800 páginas (su primera gran obra historiográfica) sobre Morris allá por mediados de la década de los cincuenta, y veinte años después, en 1977, apareció una nueva edición corregida de la que su autor suprimió unas cien páginas porque: ‘estaban cargadas de comentarios moralistas y sentimientos políticos propios de la beatería estalinista’ según dejó dicho autocríticamente.




“La abolición de la esclavitud sigue pendiente”
(W. Morris)

Thompson tituló la obra ‘William Morris, de romántico a revolucionario’, señalando ya desde la portada el arco completo, el periplo de evolución ideológica que atravesó, no sin importantes puntos de inflexión, la obra y la vida de Morris.

Thompson (que militó durante una década 1945-1956, en el Partido comunista), y que por entonces, 1955, ejercía de profesor, llegó a afirmar que: ‘mi labor como docente consiste en crear revolucionarios’; en perfecta sintonía proselitista con aquellas palabras con las que Morris solía cerrar sus encendidas conferencias:
“…su propia creación, ese Comercio (Mercado) del que está tan orgulloso, se ha convertido en su amo… (…) al comprar mercancías ¡son vidas humanas lo que comprais!”

“El Capital otorga a la mayoría de los hombres la libertad de aceptar, con un sueldo miserable, el trabajo de esclavos que se hallara más cercano o, por el contrario, verse obligados a morir de hambre”

“Somos conscientes del mundo repugnante que nos rodea y nos oprime…(…) el capitalismo es una sociedad fundada en el robo y en la injusticia… (…) pero hay semillas que están brotando en nuestros días en forma de ‘cartismo’, ‘sindicalismo’ y ‘socialismo’…(…)ahondemos esa brecha revolucionaria que nos abrieron hombres valientes; si nos echamos atrás, haremos que sus esfuerzos, sus sufrimientos, sus muertes, no tengan ningún valor”

‘…os pido que no titubeéis en participar activamente en la lucha por el socialismo constructivo –con ayuda de quien sea, con oposición de quien sea- debe, sin duda, culminar por fin ¡En Victoria!’





Hasta tal grado llegó la identificación de Thompson con Morris que, en su particular y accidentado periplo ideológico tras abandonar el Partido comunista en plena Guerra Fría-Política de bloques, se declaró marxista-morrisiano, una especie de cóctel de marxismo mezclado con restos de la revuelta romántica limitada al campo estético, el fabianismo y su política de paliativos y algo del anarquismo nihilista que acabó adueñándose de la Liga Socialista, además de grandes dosis de humanismo socialista o comunismo utópico. Todo ello mezclado según James Bond, no agitado.



Thompson estaba convencido, instalado ya en sus posiciones intermedias entre el leninismo y la izquierda laborista, de que la rica herencia romántica de Morris (en quien, a partir de 1880 con la experiencia social ya acumulada y sus primeros contactos con el marxismo, no era siempre fácil distinguir –y lo mismo ocurre con el historiador/biógrafo- al intelectual del político) nunca llegó a desaparecer y que continuó desempeñando un papel decisivo en el pensamiento socialista revolucionario de Morris hasta el fin de sus días. Y ya en 1976 confesó el prestigioso historiador reconvertido por entonces a activista político de la New Left y pacifista antinuclear, que personalmente se consideraba más ‘morrista’ que marxista y añadió, ya completamente despendolado, que ‘Morris fue capaz de rellenar los silencios de Marx’ (supongo que esta afirmación la concretaría en algún texto -¿silencios sobre el salto de la expansión colonial a la imperialista, sobre asuntos de la ya por entonces depredación creciente e irreversible que provocaba la fractura del metabolismo entre la sociedad y la naturaleza, o de carácter feminista?-, pero lamentablemente desconozco el paradero del documento sobre ‘los silencios de Marx’ según Thompson).


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(lo que sigue es cita tomada de un artículo de John Bellamy Foster)

“William Morris, había estudiado atentamente El capital – y especialmente el análisis del proceso de trabajo y la ley general de la acumulación – subrayaba más que ningún otro pensador la relación directa entre la producción socialmente despilfarrada y el trabajo socialmente despilfarrado, extrayendo las consecuencias de esto en lo que respecta a la vida y la creatividad humanas y el medio ambiente en sí. En su conferencia de 1894, “improvisada”, Morris afirmó:

El otro día oí que Mr. Balfour estaba diciendo que el socialismo era imposible porque bajo el mismo deberíamos producir mucho menos que lo que hacemos ahora. Ahora digo que podríamos producir la mitad o un cuarto de lo que hacemos ahora, y sin embargo ser mucho más ricos, y en consecuencia, mucho más felices, que lo que somos ahora; y que al convertir el trabajo que hacíamos, en la producción de cosas útiles, cosas que todos necesitamos, y que (…) rehusarnos a trabajar en la producción de cosas inútiles, cosas que nadie de nosotros, ni siquiera los tontos quieren (…)

Mis amigos, se emplea a muchísimas personas para producir puras molestias, como alambres de púa, cañones de 100 toneladas, carteles publicitarios para deformar los verdes campos a lo largo de las vías ferroviarias, etcétera. Pero aparte de estas molestias, ¿a cuántos más se  emplea para hacer mercancías para los ricos, que no tienen utilidad alguna, salvo para que esos ricos “gasten su dinero”, como se le dice? y nuevamente, ¿a cuántos más se emplea para producir sucedáneos miserables para las clases trabajadoras, porque éstas no pueden pagar nada mejor?


ELOTRO



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