“Crear una nueva cultura no significa sólo hacer individualmente descubrimientos «originales»; significa también, y especialmente difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas», por así decir, y especialmente convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.”

(Antonio Gramsci)

jueves, 19 de abril de 2018

19 marzo / 2018


Falsificaciones «made in USA» y mentiras «made in Italy»

Manlio Dinucci


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Karl Marx
Escritos sobre la Comunidad Ancestral


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2018 / Diario

“—Se sueña sólo en primera persona y en presente del indicativo —dice Luder—. A pesar de ello el soñador rara vez se ve en sus sueños. Es que no se puede ser mirada y al mismo tiempo objeto de mirada.”

(Julio Ramón Ribeyro)

La oscuridad nos obliga a abrir cada vez más los ojos, por el contrario el exceso de luz a cerrarlos completamente (¡Luces! ¡Inacción!). En definitiva tanto la falta como el exceso de luz nos impiden ver (y mira que casi todo lo que conocemos, o creemos conocer, es mayormente: ‘de vista’). Del mismo modo que un sonido o un ruido que se manifiesta a un volumen exageradamente alto o en su defecto demasiado bajo nos dificulta o imposibilita oír o percibir apropiadamente (escúchese el tráfico, el despertador, el grifo que gotea, la cafetera, el ronroneo de los fluorescentes que penden del techo de la cocina, el murmullo de las conversiones que imaginas desde tu irritante y solitaria placidez,  o por ejemplo ese ‘bombo rojigualdo’ que que te zumba en los oídos a esas horas de la noche cuando todas las emisoras de radio ofrecen sus deslumbrantes y escandalosos programas deportivos y no tienes manera de escuchar, palpar, oler y saborear otra cosa que no sea fútbol). Las temperaturas extremas pueden así mismo llegar a anular nuestro tacto (y la falta de tacto no se perdona en sociedad, ya que nos deja al descubierto, en medio del mar y sin el corcho protocolario), de igual manera que ciertos olores y sabores de intensas características rasposas y abrasivas (sobre esta cuestión, ignoro en otras, tengo leído que los forenses y los concejales de urbanismo se las saben todas) pueden conseguir  colapsar e inhabilitar, siquiera temporalmente, nuestro sentido del olfato o, por las mismas o parecidas, del gusto establecido. 

Nuestros sentidos son vulnerables (y los insaciables depredadores que discretamente nos rodean y acechan, con la disimulada concentración del que comulga, lo saben y lo explotan a su debido tiempo) y por lo tanto pueden ser sometidos y desarmados en un pispas, o desvirtuados total o parcialmente, selectivamente mutilados o limitados o suspendidos transitoriamente en sus escurridizas (dis)funciones. De donde se puede deducir que, al menos desde un plano subjetivo, podemos estar de acuerdo con los listillos con máster que afirman, sin aportar base o fundamento presencial, que los sentidos (todos, reales o fingidos, forman parte de la misma mancha, a pesar de la distancia política y geográfica que los separa), como fuentes originarias o vías complementarias de experiencias y conocimientos en su mayoría indeseados (a posteriori), resultan las más de las veces muy sobrevalorados (sobre todo, y ante la evidente falta de mentalidad de empresario, en lo que se refiere a su valor de uso… ¿razones? poca fiabilidad por no decir ninguna. Algo a todas luces ruidosamente fastidioso, como de apropiación indebida). 

La puesta a punto de los sentidos requiere de un costoso, decepcionante y largo aprendizaje (la vida es demasiado corta y la mayoría de la gente cuando supera, no conserva. Así que se auto-condena a retornar, más desgastada, a la casilla de salida). La ‘autoría’ de las sensaciones, puesto que éstas según los casos se producen o se adquieren (véase el gusto literario, las preferencias a la hora de elegir mascota, playa o montaña, comedia o tragedia, diésel o gasolina, Sofía o Letizia, PPSOE o Podemos-Ciudadanos, Neoliberalismo o capitalismo con rostro humano, Betamax o VHS…), muchas veces queda en el aire (y a pesar de su presunta solidez, ahí se desvanece). La versión que se da al público, aún tratándose de la misma mercancía, cambia según el perfil objetivo (culo, tetas, barriga, muslos, tobillos…) del bolsillo compulsivo de la, en todos los sentidos, muy ‘sensibilizada y mentalizada’ clientela (a cada presa su cebo).

ELOTRO


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