jueves, 28 de diciembre de 2017

27 de noviembre / 2017


Marx en su (Tercer) Mundo
Hacia un socialismo no colonizado

Néstor Kohan


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‘…detrás está la gente’ cantaba en español Serrat como si estuviera descubriendo el Mediterraneo y, salvando las distancias, ‘detrás están los propietarios calculando sus beneficios’, escribía Belén Gopegui al hilo de Raymond Williams, en un libro publicado en 2007 en el que, por cierto, ya cita elogiosamente a intelectuales pijo-progres que con el tiempo han devenido en podemitas de pro..

Marx fue el primero que descubrió y nos mostró qué había detrás del capitalismo: sus estudios, investigaciones y análisis contribuyeron de forma determinante a disipar la niebla que imposibilitaba una visión clara del individuo como ser social, de la economía política, del modo de producción capitalista y de sus derivadas relaciones de propiedad y producción. ‘Los dioses (la superstición)escribió el joven Marx- no son causa sino efecto de la confusión del entendimiento humano’.

Marx en 1844, sobre lo que hay detrás de la gente trabajadora:
“… la Economía Política no conoce al trabajador parado, al hombre de trabajo, en la medida en que se encuentra fuera de esta relación laboral. El pícaro, el sinvergüenza, el pordiosero, el parado, el hombre de trabajo hambriento, miserable y delincuente son figuras que no existen para ella, sino solamente para otros ojos; para los ojos de medico, del juez, del sepulturero, del alguacil de pobres, etc.; son fantasmas que quedan fuera de su reino. Por eso para ella las necesidades del trabajador se reducen solamente a la necesidad de mantenerlo durante el trabajo de manera que no se extinga la raza de los trabajadores. El salario tiene, por tanto, el mismo sentido que el mantenimiento, la conservación de cualquier otro instrumento productivo. El mismo sentido que el consumo de capital en general, que éste requiere para reproducirse con intereses, como el aceite que las ruedas necesitan para mantenerse en movimiento. El salario del trabajador pertenece así a los costos necesarios del capital y del capitalista, y no puede sobrepasar las exigencias de esta necesidad.”

Raymond Williams nos habla de lo que hay detrás de ciertas ‘materializaciones’: «El sistema de autopistas, la nueva distribución de las viviendas lejos del centro, los edificios de oficinas y los supermercados que reemplazan las calles con hogares y tiendas, pueden materializarse en la forma de un plan administrativo, pero no hay ningún caso en el que no se hayan incluido, desde el principio, las prioridades del sistema capitalista. Ya sea en el caso de camiones contra trenes, ya sea en la situación más general en que las tierras mismas se consideran, de manera abstracta, como una red de transporte, la decisión siempre habrá sido tomada originalmente –y será finalmente determinada– por propietarios que calculan sus beneficios, y es a éstos a quienes se da prioridad.»

(...)

«Las experiencias capitalistas nunca son las únicas posibles, puesto que dentro de las presiones y límites las personas llegan a otros acuerdos, descubren otras adhesiones y tratan de vivir según otros valores. Aunque el impulso capitalista continúa estando presente.»


Y volvemos a Marx, que nos muestra, en sus Manuscritos de París, lo que hay detrás del trabajo, el capital, la mercancía…:

“El trabajador produce el capital, el capital lo produce a él; se produce, pues, a sí mismo y el hombre, en cuanto trabajador en cuanto mercancía, es el resultado de todo el movimiento, Para el hombre que no es más que trabajador, y en cuanto trabajador, sus propiedades humanas sólo existen en la medida en que existen para el capital que le es extraño. Pero como ambos son extraños el uno para el otro y se encuentran en una relación indiferente, exterior y casual, esta situación de extrañamiento reciproco ha de aparecer también como real. Tan pronto, pues, como al capital se le ocurre —ocurrencia arbitraria o necesaria— dejar de existir para el trabajador, deja éste de existir para sí; no tiene ningún trabajo, por tanto, ningún salario, y dado que él no tiene existencia como hombre, sino como trabajador, puede hacerse sepultar, dejarse morir de hambre, etc. El trabajador sólo existe como trabajador en la medida en que existe para sí como capital, y sólo existe como capital en cuanto existe para él un capital. La existencia del capital es su existencia, su vida; el capital determina el contenido de su vida en forma para él indiferente.”
(...)
“La propiedad privada nos ha hecho tan estúpidos y unilaterales que un objeto sólo es nuestro cuando lo tenemos, cuando existe para nosotros como capital o cuando es inmediatamente poseído, comido, bebido, vestido, habitado, en resumen, utilizado por nosotros. Aunque la propiedad privada concibe, a su vez, todas esas realizaciones inmediatas de la posesión sólo como medios de vida y la vida a la que sirven como medios es la vida de la propiedad, el trabajo y la capitalización.

Todos los sentidos físicos y mentales han sido pues sustituidos por su simple y llana enajenación: el sentido de tener.”


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1 comentario:

  1. -Ya se oyen palabras viejas...
    -Pues aguzad las orejas.

    Bueno es recordar
    aquellas palabras viejas
    que han de volver a sonar.

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